Maestros rurales ante la adversidad

México le debe mucho a los profesores rurales, hay que reconocerles que sin su empeño los poca cantidad de alumnos en esas comunidades sería menos, si no es que inexistente. A los niños que se aferran a una educación, expuestos a peligros y librar obstáculos como lo es cruzar un río o subir y bajar montañas, se les suman jóvenes que apenas empiezan su carrera magisterial convencidos de transformar al país.

Existen pequeñas escuelas rurales en las que debido a la escasez de alumnos, los maestros dan clase a niños de diversos grados escolares. De acuerdo con datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), para 2009 este tipo de centros escolares conformaba el 43 por ciento a nivel primaria y atienden a casi dos millones de alumnos.

Debido a la falta de atención de los gobiernos en turno, los maestros se desempeñan con dificultad al no contar con la infraestructura necesaria, carecen de materiales, en algunos pueblos ni siquiera hay luz ni bancas o salones, hay muchos desertores y cambios constantes de profesores; sin embargo, todavía hay quienes se dedican en corazón y alma a esta labor.

Este modelo es conocido como multigrado, y en otras partes de América Latina tiene éxito, como el caso de Cuba, que en las evaluaciones internacionales ha demostrado tener los mejores resultados. Al igual que a nivel mundial, Finlandia tiene excelentes resultados, claro que en circunstancias distintas, en especial por su presupuesto para la educación y el modelo de enseñanza.

El salario que un docente recibe en México es de los más bajos, representan el 2.5 por ciento del total de la fuerza laboral, lo que percibe un maestro en escuelas indígenas o rurales puede ser tres veces menos que el que perciben los que trabajan en escuelas generales.

Fue con Plutarco Elías Calles (quien fue profesor rural) que se ordenó la construcción de mil colegios cada año (meta que no se logró). En aquellos tiempos a los maestros se les miraba con respeto, hoy la gente los percibe como alborotadores que mantienen sin clase a los estudiantes pero en muchos casos los ciudadanos no consideramos las situaciones que se viven en regiones recónditas, como la violencia que hoy aqueja al país así como funcionarios corruptos que nunca velan por los intereses del pueblo.

Hoy los maestros rurales además de dominar el español tienen que hablar alguna lengua indígena y viajan por varios pueblos para dar clase a grupos pequeños porque la pobreza extrema en la que viven muchos niños no les permite acudir a clases, los pocos que asisten lo hacen con desnutrición, lo cual también afecta su desempeño escolar. Según cifras del Consejo Nacional de Evaluación Política de Desarrollo Social (Coneval) 51.1 por ciento de los menores de 18 años están en la pobreza y nueve por ciento en la miseria.

Lejos quedaron los días en que los profesores mexicanos eran reconocidos por su ardua labor. Al igual que hoy, desde la creación de la Secretaría de Educación Pública, el rezago en el campo está marcado por varios problemas que el gobierno no ha podido erradicar. La labor de los docentes de alfabetizar e integrar a los estudiantes al desarrollo de sus comunidades sigue vigente, pero cada vez desertan más, tanto de unos como de otros, y es que el problema más grande al que se enfrentan es a la falta de escuelas.

El modelo neoliberal que adoptamos hace 30 años también resultó ser un obstáculo para las normales rurales, desde entonces se les considera subversivos a los egresados. La ex dirigente sindical, Elba Esther Gordillo, los tildó de “alborotadores” durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y se empeñó en cerrarlas sin éxito.

Una de las primeras acciones del actual gobierno fue reabrir la Escuela Normal Rural “Luis Villarreal” de la comunidad El Mexe, en el estado de Hidalgo, abatida por estas políticas encabezadas por la ex líder del magisterio. Incluso existió un proyecto gubernamental para cerrar las 16 normales rurales que se ubican en Aguascalientes, Campeche, Chiapas, Chihuahua, Durango, Guerrero, Jalisco, estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, Sonora, Tamaulipas, Tlaxcala y Zacatecas.

Cómo no iba a querer cerrarlas el gobierno priista si desde la década de los 70 las comunidades campesinas fueron rezagadas, olvidadas y quienes entonces buscaron justicia se cultivaban en esas aulas, luchadores sociales como Othón Salazar, Pablo Gómez, José Santos Valdez, Misael Núñez Acosta, así como los guerrilleros Lucio Cabañas y Genaro Vázquez.

La falta de recursos y el olvido de los gobiernos del PRI y el PAN que mantuvieron con carencias en infraestructura y dejaron a las Normales deteriorarse, lo mismo que hicieron con las primarias de zonas remotas, no desalienta a los actuales y futuros profesores que sacan de su bolsillo lo necesario para seguir enseñando, porque comparten las carencias, cerca de 78 mil estudiantes normalistas, según datos del INEE, provienen de entornos rurales que carecen de las necesidades básicas que marca el Consejo Nacional de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Recordemos que debido al olvido del Gobierno, los normalistas han luchado por el sustento de sus escuelas pidiendo dinero en las calles, arriesgándose a caer en manos de la delincuencia, como en aquel trágico 26 de septiembre de 2014, cuando desparecieron 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero.

Entonces, desde su formación, los maestros rurales se dedican a la enseñanza y el aprendizaje con pasión, porque no es tarea fácil cruzar kilómetros de bosque o montaña, ni sencillo dejar familia o una mejor posición económica. Enfrentarse al rezago tecnológico, a la falta de material e incluso de alumnos, es una labor ardua que deciden ejercer para cambiar la situación de pobreza que se vive en estas regiones, sin desanimarse porque desde la Revolución no hemos logrado el objetivo de bienestar social y el camino sigue lleno de piedras, pero se empeñan.

Ser maestro o maestra rural es un gran ejemplo de esfuerzo, dedicación y servicio. Felicidades en su día. (Abigail Correa, Mexicampo)

 

 

 

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