La educación rural en la Cuarta Transformación

La poca importancia que los gobiernos han dado a la educación rural en la últimas décadas y el abandono de las normales rurales fue parte del proceso de devastación que generó la aplicación del modelo neoliberal a la educación.

El nuevo régimen posneoliberal de la Cuarta Transformación le apuesta a una política cultural que revolucione las conciencias y, en esta tarea, los maestros tienen un papel fundamental.

En ese propósito va la cancelación de la reforma educativa aprobada en el sexenio de Enrique Peña Nieto. En días pasados, la Cámara de Senadores aprobó el dictamen sobre los cambios constitucionales que, entre otros puntos, incluyen la educación superior obligatoria y el respaldo económico a  estudiantes en condiciones de desventaja socioeconómica.

El proyecto concebido, para implementarse una vez que lo apruebe la mayoría de las legislaturas estatales, establece que en las escuelas de educación básica en zonas vulnerables se implementarán acciones de carácter alimentario. Asimismo, se respaldará con becas a los estudiantes en condiciones de desventaja socioeconómica.

Actualmente, los servicios magisteriales en 63 mil localidades rurales se ven impactados por la diversidad cultural, social, demográfica, económica y política de las comunidades, y la alta deserción de los instructores comunitarios, atribuidos a condiciones de violencia e inseguridad.

Uno de los aspectos más relevantes de la nueva política educativa es que la educación no será la misma en zonas rurales que urbanas. El enfoque parte de respetar la identidad y hacer una política de diferenciación por regiones en las que, incluso, se impartan clases bilingües en algunos lugares.

La precisión es importante. El 40 por ciento de las escuelas de educación básica que hay en México son rurales, la gran mayoría son multigrado y atendidas regularmente por maestros recién egresados. Desgraciadamente estos docentes llegan a aulas mal equipadas y con fuerte atraso tecnológico.

En zonas rurales, los maestros enseñan en las escuelas más remotas, sin infraestructura y con el reto de enseñar a niños y jóvenes sumidos en un atraso de casi medio siglo respecto de lo que se vive en las principales ciudades del país.

En el rescate del campo que plantea la Cuarta Transformación la revaloración de la educación rural es indispensable. Los maestros tienen una estrecha vinculación con la comunidad y sus problemas por lo que ser maestro o maestra rural es, sin duda, ejemplo de esfuerzo, dedicación y servicio.

Y es que la educación rural no se limita sólo a las paredes del aula escolar ni a la gestión de servicios comunitarios. La escuela rural sirve para que los niños y jóvenes de las comunidades aprendan y los adultos encuentren en ese espacio capacitación e información útil que mejoren su calidad de vida.

La educación rural sigue siendo para un importante número de niños, jóvenes y sus familias, la posibilidad de acceder al conocimiento, de fortalecer su cultura y lengua para desde allí acceder en igualdad de condiciones a una real inserción en la sociedad global, para beneficio propio, de sus comunidades y del país.

Así que una oferta de educación rural no la hay, ni la habrá, si no se construye otro modelo económico en donde la actividad de los campesinos se revalore y sus opciones de organización social y productiva sean tomadas en cuenta. (Marco Antonio Ortiz Salas)

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