Prospera falló en romper la pobreza intergeneracional

Prospera, uno de los programas de transferencias condicionadas que desde la década de 1990 se establecieron en 80 países para atacar la pobreza, en México fracasó en romper la pobreza intergeneracional. Únicamente llevó al incremento de un centímetro en la altura promedio de los niños, lo que significa la ingesta de tres tortillas más al día. Aun así sus defensores señalan que ha sido un buen instrumento para combatir la pobreza.

Tras conocerse la semana pasada que el programa se transformará en la coordinación de Becas Benito Juárez, Genaro Aguilar, experto de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional, señala que luego de cuatro sexenios no hay evidencia concluyente de que haya contribuido a terminar con la pobreza intergeneracional: no se redujo la transmisión de la pobreza de padres a hijos.

Recuerda que estudios revelaron que después de 15 años de operación del programa, había aumentado un centímetro la talla de los niños contra los que no estaban en Prospera, eso equivale a comer tres tortillas más diariamente, es ridículo que el programa se redujera a eso. Si hubiera sido exitoso en alimentación y nutrición, debió darse una ganancia de talla de ocho centímetros en los niños, como en otros países. La evidencia y estudios del impacto alimentario muestran que el efecto era marginal, insignificante para elevar la talla de los niños en pobreza.

Sí hay evidencias –agrega– de que se llevaba a las mujeres y a los beneficiarios de estos programas a los mítines del partido político del gobierno en turno. Sí había un maltrato y uso de las mujeres para actividades que no tenían que ver con el tema de la pobreza, menciona. En el tema educativo, indica en entrevista, el programa da becas directas a los hijos de las familias beneficiarias, es más efectivo y puede ayudar si se hace un uso eficiente de los recursos. Con el actual gobierno no queda claro dónde queda el tema alimentario las papillas y todo eso que se daba era muy ineficiente.

El programa se denominó Progresa en el sexenio del priísta Ernesto Zedillo; Oportunidades con los gobiernos del PAN, y Prospera con Enrique Peña Nieto. En el reporte Evolución de una visión de la política de desarrollo social en México: la apuesta por las nuevas generaciones, realizado a partir de un foro en que participaron expertos como Miguel Székely, éste señala que el programa representó un nuevo paradigma en varios ámbitos.

Entre otros logros, destacó el cambio de orientación, de los subsidios abiertos y de corto plazo, hacia la inversión constante en el desarrollo de capital humano con efectos de largo plazo; el paso de la dispersión y fragmentación, hacia la integración y articulación de la salud, alimentación y educación, que ya convergían de forma ordenada para apoyar a las familias más necesitadas y se hizo responsables a las mujeres, en lugar de los hombres.

También John Scott, consejero académico del Coneval, en un artículo incluido en este libro, señala que este programa de transferencias condicionadas ha sido el instrumento de mayor efectividad redistributiva en el país y probablemente en la historia de la política social del país, por sus efectos directos (como transferencias en efectivo) e indirectos (transferencias condicionadas al uso de servicios). Estos avances han contribuido a la reducción de los rezagos sociales en la pobreza multidimensional en estas décadas, pero no a una reducción significativa y sostenida de la pobreza por ingreso. (La Jornada)

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