Detecta estudio maíz transgénico en 82 por ciento de las muestras

Una investigación del Instituto de Ecología y del Centro de Ciencias de la Complejidad –ambos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)– encontró que 82 por ciento de los alimentos derivados de maíz disponibles en los supermercados mexicanos contiene secuencias de grano transgénico, prohibido en México para consumo humano.

En un artículo publicado en la revista Agroecology and Sustainable Food Systems, el equipo encabezado por Elena Álvarez-Buylla, actual directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), halló en el alimento una presencia alarmante de transgenes de plantas que han sido transformadas en laboratorios, principalmente de Estados Unidos.

Álvarez-Buylla y sus colegas Emmanuel González Ortega, Alma Piñeyro Nelson, Elsa Gómez Hernández, Eduardo Monterrubio Vázquez, Marlenne Arleo, José Dávila Velderrain y Claudio Martínez Debat encontraron secuencias recombinantes del cereal transgénico en, por ejemplo, 90.4 por ciento de las tortillas que estudiaron.

Los granos transgénicos han sido modificados para resistir plagas y tolerar un herbicida llamado glifosato, que recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó como probable elemento cancerígeno.

Los científicos tomaron muestras de prácticamente todos los alimentos de este grano que se encuentran en supermercados y tortillas de tortillerías de barrio. Los compararon con productos aparentemente más artesanales, que son de maíz nativo y hechos por personas ligadas al campo. Éstas fueron positivas para transgenes con una frecuencia mucho menor y no presentaron glifosato.

Otro resultado del estudio se derivó de comparar la distribución de frecuencias de las distintas líneas de grano transgénico encontradas en los alimentos colectados en México y en el extranjero. Los investigadores descubrieron que estas distribuciones son estadísticamente iguales en los dos grupos, sugiriendo que las mismas mezclas de granos de maíz transgénico están llegando a los alimentos procesados de todo el mundo; incluyendo México.

La hipótesis que se deriva de este resultado es que las mismas compañías controlan el abasto global del cereal a las industrias que lo procesan para alimento humano.

Independientemente de los debates y de que en este estudio no hay evidencia directa de impactos a la salud, los investigadores consideran que es momento de revisar las responsabilidades de las instancias de gobierno encargadas de la bioseguridad y evaluación de las repercusiones en salud de los alimentos y saber cómo es que están autorizando la entrada de transgénicos al maíz sin estudios de inocuidad, de acuerdo con información de la UNAM. (La Jornada)

 

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