Baja California. Una aventura vitivinícola en tierra mexicana

La región vinícola más importante de Baja California se conforma por los valles de Guadalupe, San Vicente, San Antonio de las Minas, Santo Tomás y Ojos Negros; en ellos hay diferentes microclimas en los que se dan más de 80 tipos de uvas.

Fueron frailes dominicos quienes en el siglo XVIII “fundaron la misión de Santo Tomás y sembraron algunas vides, entre ellas la misión, considerada como la variedad endémica de la región.

Uno de los personajes importantes en el desarrollo del vino del Valle es el enólogo Camillo Magoni, quien durante años fue el artífice de importantes vinos en esta vinícola y, desde hace cinco años, dirige su propia bodega.

En 1988, con la primera añada de la Bodega Monte Xanic inicia el modelo del microproductor premium y del mercado de nicho. “Somos buen ejemplo de una compañía pequeña que creció con la filosofía de calidad y hoy es líder del segmento”, afirmó Hans Backhoff, director general.

Después de 12 años, Hugo D’Acosta fundó Estación de Oficios el Porvenir, conocida como la escuelita, con el propósito de apoyar el desarrollo de nuevos productores.

En las últimas dos décadas “se desarrollaron 120 proyectos nuevos, una cantidad enorme considerando que hace 15 o 20 no había más de 10”, afirmó Fernando Pérez Castro, director general de Hacienda La Lomita y Finca La Carrodilla.

Con el desarrollo del vino, llega la gastronomía y los hoteles boutique. Se crea el Museo de la Vid y el Vino para divulgar información en torno a la bebida e impulsar el enoturismo. Un ejemplo es la vinícola El Cielo que recibe alrededor de 200 a 300 mil visitantes al año.

El vino de Baja California tiene la memoria de su tierra, el alma de uvas y la calidad en su elaboración. Estimula el maridaje con una novedosa gastronomía que ha sabido encontrar su esencia y, juntos, lograron convertir a la región en un destino turístico inigualable. (Milenio)

 

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