Indígenas defensores del agua en Tlanixco cumplen 15 años presos

San Pedro Tlanixco, Edomex., El primero de abril de 2003 se oyeron las campanas en el centro de San Pedro Tlanixco, cambiándole la vida a este pueblo nahua del municipio de Tenango del Valle, estado de México. A mediodía ingresaron a su territorio 11 floricultores del municipio vecino de Villa Guerrero, quienes con insultos y agresiones físicas acusaban a la comunidad de ensuciar el agua.

El grupo de empresarios estaba encabezado por el presidente del Sistema de Agua de Riego del Río Texcaltengo del municipio de Villa Guerrero, Alejandro Isaak Basso, quien según los testimonios era el más agresivo, y lideraba también el desvío del río que nace en Tlanixco para regar sus sembradíos.

Testigos cuentan que en medio de los insultos y agresiones, Isaak Basso resbaló, cayó en una barranca y murió. Pero el gobierno estatal responsabilizó a seis de los defensores más visibles del agua, a quienes detuvo en 2003 y en 2006, y posteriormente sentenció a penas de 50 a 54 años de prisión, sin una sola prueba.

Ojarasca entrevistó a las familias de los seis presos:

Dominga González: A Dominga le rogaban sus hermanas que huyera porque en cualquier momento la podían detener, pero ella decía que la que nada debe, nada teme. La capturaron el 7 de julio de 2007. Vivía en un cuarto pequeño con su hija Raquel, de 17 años. Más de 100 judiciales a bordo de 30 patrullas ministeriales rodearon su casa, se brincaron la barda y entraron sin orden de aprehensión.

El testigo acusatorio dijo que la gente estaba lidereada por una mujer morena, chaparrita y chapeadita. Y por esas características la detuvieron. Diez años la mantuvieron encerrada sin sentencia. En noviembre de 2017 la condenaron a 50 años, sin definirse su grado de participación en el homicidio.

Dominga tenía 45 años en ese momento. Hoy tiene 56 y el pelo blanco. En libertad se dedicaba a la siembra y formaba parte del Comisariado Ejidal de San Pedro Tlanixco, desde donde defendió el agua de la comunidad, oponiéndose a la privatización del río Texcaltengo, también llamado Grande.

 

Lorenzo Sánchez: A Lorenzo, dice su compañera Yolanda Álvarez, nos lo arrebató la injusticia. Recuerda que iniciaron la lucha por el agua de Tlanixco en 1989. En 2003, explica, se unieron al Congreso Nacional Indígena y fortalecieron la defensa, pero dos meses después se suscitó lo del difunto. Por su muerte, él lleva más de 11 años en la cárcel.

Lorenzo acaba de cumplir 54 años, tiene un hijo de 29, quien con su madre se dedica al comercio. Su esposa es tajante: Nos discriminan por ser indígenas, nos tratan como unos delincuentes, como unos criminales, cuando realmente no somos ese tipo de gente, sólo luchamos por nuestro hogar, por nuestra vida, por lo que tenemos.

Pedro Sánchez: Marisela Molina es esposa de Pedro Sánchez, sentenciado a 52 años de prisión, acusado también del asesinato de Alejandro Isaak Basso, pero la verdad, dice, está privado de su libertad por participar en el comité de agua potable de Tlanixco.

Al día siguiente de la muerte de Isaak Basso, el primero de abril de 2003, llegaron más de 100 judiciales a tres casas. Sembraron el terror. Entraron a la casa de Pedro y Marisela, pero él había ido a recostarse un rato al cuarto y yo estaba trabajando en una tortillería. Llegaron los judiciales y me preguntaron si ahí vivía Pedro Sánchez, yo contesté que sí, pero que no se encontraba. Entonces unos 50 o 60 judiciales nos pusieron las armas en el pecho y subieron. Entraron sin orden de cateo ni de aprehensión. Allanaron la casa, pero ese día no lo encontraron. El 22 de julio de ese año se lo llevaron al penal de Santiaguito. Los claveles Pedro cargaba en su camioneta a las seis de la mañana no llegaron a su destino. Han pasado 15 años.

Marco Antonio Pérez: Marco Antonio en este momento tiene 38 años, fue encarcelado a los 23 y le faltarían 35 años más para cumplir la sentencia. Tomasa, su hermana, recuerda los hechos del primero de abril de 2003 como si hubieran sido ayer. Ese día los floricultores de Villa Guerrero subieron al río que nace en Tlanixco, la gente se percató de que había extraños e hicieron tocar las campanas para convocar a reunión. Fueron 11 personas las que llegaron, entre ellos su líder Alejandro Isaak.

Les pidieron que se fueran de su comunidad y en eso estaban cuando el señor, que era mayor, no resistió y cayó al barranco. Y acusaron a mi hermano de asesinarlo. Tres años después lo aprehendieron en el lugar en el que trabajaba como albañil en la Ciudad de México.

Teófilo Pérez González: Sentenciado a 50 años, Teófilo Pérez González, ex policía y ex migrante fue detenido tres meses después de los hechos en un taxi que conducía y, como a los demás, se lo llevaron derechito a Almoloya de Juárez, en Santiaguito. Tres años después lo sentenciaron a medio siglo tras las rejas. Las irregularidades son tales que su orden de aprehensión estaba a nombre de Rómulo Arias, también inocente.

A Teófilo lo acusan de homicidio y tampoco le especifican qué hizo. En este país no hay justicia, porque por ser pobres e indígenas estamos donde estamos, porque no tenemos los medios. Yo tengo 44 años, hace 15 lo encarcelaron. Tenemos cuatro hijos: el mayor tiene 29, Omar; Viviana tiene 26 y sus hermanos 21, advierte Silvia.

Rómulo Arias: A mi esposo lo detuvieron un 15 de junio de 2006. Estuvo tres años perseguido hasta que llegaron unos judiciales. Vivimos sobre el paradero y cuando nos dimos cuenta había carros atrás y enfrente de nuestra casa. Él se brincó por la azotea y se metió a la casa de su hermano. Los judiciales se metieron al domicilio de mi cuñado y para espantarnos empezaron a aventar balazos adentro, relata Tomasa, esposa de Rómulo.

Lo sentenciaron a 54 años acusado del mismo homicidio. Alberto Vázquez Carrasco, acompañante de Isaac Basso, declaró contra Rómulo, y tres años después reconoció que la hermana del difunto lo obligó, que siempre tenían reuniones en un rancho en Villa Guerrero y que se ponían de acuerdo para decir quiénes eran los culpables para que se pudrieran en la cárcel. (La Jornada)

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